Hablábamos hace unos días del Teatro Nuevo y su función en la vida local.
Hoy querríamos tener algo que decir de otro de los espacios que cumplen, así mismo, una función y contribuyen a tonificar la vida en la ciudad…
Dejaremos a un lado el glosar lo acertada que en su día fue la idea de transformar ese caserón en desuso en biblioteca pública, y nos centraremos en contar, brevemente, la historia de un encuentro fortuito que tuvo lugar en una de sus salas… Casi todas las mañanas, antes de la llamada al refectorio, me paso por allí para echar un vistazo a la prensa del día. Es más barato, uno se ahorra las pelas, perdón los euros (parece que el habla no ha sido capaz aún de encontrar sinónimos mas brillantes a la palabra euro); como salvo escasas ocasiones es una necia pérdida de tiempo, se ahorra papel, no se aturde uno con la propaganda desbocada y por último se da píe a que la biblioteca no enmohezca… Esa mañana el periódico que buscaba no había llegado y pasé, indolente, a la otra sala. Había dos lectores, mejor dicho, dos estudiantes que se machacaban los apuntes, acompañados por una calma expectante que se intuía sobre los anaqueles…
Al ir, despacio, hacia el fondo y pasar rozando la sección de poesía, me llamó la atención un librito de pastas encarnadas que inclinado sobre el anterior cerraba el número de volúmenes que llenaban la mitad del estante.
Lo alcancé, lo abrí por la primera página, estaba en blanco como suele ser habitual; pasé a la segunda y se informaba allí del título y autor- el nombre del autor sonaba a poco-; pasé a la tercera y la cita de apenas una línea que abría el contenido decía:
“El destino a tu lado camina como un perro…” (Baudelaire). Fue una leve sacudida la que sentí, que me obligó a sentarme y a que le dedicara un poco más de atención. Una lectura rápida escogiendo aquí y allá, me hizo ver la calidad de ciertas cosas y decidí que merecía la pena liberarlo por unos días y compartir confidencías… La tarde que compartimos fue una de las pasadas por lluvia del mes de Abril (muy propicias estas para la lectura, por cierto, y si además lo que uno lee toca el espacio de la lírica, entonces puede que la tarde adquiera esa intensidad que sólo la conspiración, la pérdida o una cita fresca pueden brindar:
“Más o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío
Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa..”;
puntos suspensivos… Así comienza un poema de Luis García Montero titulado
“En días de lluvia”) y no me defraudó un penique.
De los 34 poemas de que se compone el librito -escritos en verso libre- señalé 10: Nuevo en la ciudad. Ajuste de cuentas. Perspectiva. Tierra Prometida. Sin nosotros. Primer día de Invierno. Sospecha. Todo en Orden. Nocturno. Ultima sesión. Si se me apurara a tener que elegir uno de entre estos diez, escogería
“Todo en Orden”. Suena así:
“Como animal doméstico y sin nombre
la tarde ha caminado junto a mí,
ha sido un día claro, agradecido.
Las huellas derramadas en la arena
se enfrían como posos de café.
Son pájaros conformes en el mundo,
gorriones entre coches aparcados.
Aunque el pasado ocupe mi futuro
el aire es más tranquilo, más ligero.
Mi vida no está hoy desordenada
como una vieja caja de herramientas…”
¿Por qué escogería este? Porque desvela esa elasticidad de los fuertes: después de la chamusquina uno ha sido capaz de sobreponerse. La pérdida fue desquiciante, pero se va recuperando cierto equilibrio y mientras dura ese tipo de convalecencia la sensación es dulce y cordial; de ahí ese grado de lucidez que uno lleva ya en el bolsillo…
Por lo demás, este pequeño poema narra una experiencia bastante común, pero es el trabajo de alquimia poética el que la trasciende y la eleva por encima de lo meramente doméstico. Ese es el oficio del arte, cuando lo consigue. En la penúltima página, más allá del índice, se hace notar que: esta primera edición consta de 750 ejemplares y se terminó de imprimir en talleres gráficos Ripoll, Paterna, Valencia, el día 21 de Diciembre de 1992.
Ahora cabe preguntarse ¿se agotaría la edición? ¿amortizaría las penas económicas el semi-desconocido autor? Lo dudamos, después de 18 años lo más seguro es que los ejemplares no-vendidos pasaran a engordar la pulpa de papel reciclado y que el semi-desconocido autor, tras el bajón inicial, no haya conseguido enderezar su derrotero en la jungla pegajosa del mercado; suele suceder. Las bibliotecas sufren hoy el asalto de esa otra manera de almacenar el pensamiento y la cultura que es el soporte electrónico- Internet, hoy, es el medio dominante- y hacer predicciones sobre cual pueda ser su futuro no debería ser un gesto temerario. Más para los que crecimos a la sombra de La Galaxia Guttemberg, las bibliotecas siguen desprendiendo un magnetismo seductor. Nos atraen, nos mola su silencio, su compañía, su sensualidad. Su capacidad para la conversación nos engancha; su tacto para tramar encuentros felices nos camela…