Quizá la mejor noticia del 2009, un año pródigo en desastres, guerras y atentados, ha sido para mi la exculpación, confiemos que definitiva, del Santo Job valenciano, el señor Camps. Tras sufrir la ordalía del terror sectario, el acoso cruel de una Inquisición y la hipermediatización hostil del caso con la sonrisa crispada del justo cuyos trajes de corte impecable pagó religiosamente al contado, su sobreseimiento por un juez fuera de toda sobra de amiguismo, me llenó de alivio.
Era hermoso verlo en la plaza de toros de su ciudad aclamado por centenares de asistentes al acto de desagravio, arropado por un grupo selecto de compañeros de partido: la sabia y refinada Rita Barberá, por una vez sin sus bolsos de marca Gürtel, el sencillo y honesto presidente de la Diputación de Castellón, cuya innata timidez de buen chico oculta siempre con unas sobrias gafas ahumadas; en fin, por todo el elenco escogido a dedo por un jefe exultante y en olor de multitudes. ¡El triunfo de la verdad y la justicia frente a la calumnia y la imputación falsa levantan el ánimo alicaído de la gente honrada en estos tiempos de relativismo moral y dictadura laica!
El proceso de corte estaliniano montado contra el nuevo Job bíblico, se basaba, como sospechábamos, en un cúmulo de alegaciones carentes de todo fundamento, de pruebas groseramente manipuladas por gentes sin escrúpulos. Sin ir más lejos puedo testimoniar que la supuesta conversación con Álvaro Pérez, El Bigotes, reproducida en toda la presa, no hizo mella en sus sentimientos de amor recíproco. ¡Agárrese a su silla atento lector, y lea su transcripción!:
El marido: amiguito del alma
Su esposo: oye, que te sigo queriendo mucho
El marido: yo también
Su esposo: Te quiero como un huevo
El marido: contarás durante muchos años con mi lealtad, ¿vale?
Su esposo: ¿durante muchos años?, no hijo de puta, durante toda tu vida
El marido: bueno, yo quiero que nos veamos con tranquilidad para hablar de lo nuestro... que es muy bonito
Su esposo: cuando tu quieras y te dejen y puedas
Quien conozca el diálogo con El Bigotes difundido por la presa comprenderá el grado de mi sorpresa al descubrir que la conversación del matrimonio amigo, con añadidos y extrapolaciones destinadas a apuntalar la tesis de los vínculos existentes entre el paciente Job y la trama corrupta, era la comidilla de los cínicos y desaprensivos que medran en aguas turbias. El hecho no ofrece dudas: ¡algún sembrador de bazofia había manipulado dos grabaciones distintas como arma arrojadiza contra nuestro espejo de demócratas!
Por dicha razón, el homenaje de desagravio a Job en el coso taurino de Valencia me reconfortó. Aparcada la acusación de su soborno por Orange Market o alguna otra empresa de Francisco Correa, el entusiasmo del público llegaba al alma. El justo de mandíbulas contraídas y sonrisa sobrepuesta parecía al borde de las lágrimas. Su exultación iluminaba también el semblante del Jefe, de la alcaldesa, de Carlos Fabrá: era la del diestro que, tras una faena inolvidable, da vueltas y más vueltas al ruedo al frente de su cuadrilla. ¡Venceremos, sí, venceremos, porque somos los mejores y conectamos con las preocupaciones cotidianas del pueblo!
De este pueblo que harto del debate de ideas y exposición de programas contrapuestos, se aferra al viejo espíritu del clan y asumen con naturalidad aquello que dijo el poeta: “Poco importa que sean chorizos, si son de los nuestros”.
En fin, confiar los cargos de relevancia del país a personajes como el Santo Job de Valencia o al no menos santo, jefe de la patronal, el señor Martín Ferrán, es como si confiáramos la seguridad de occidente a Osama Bin Laden.