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AZABAL: DIARIOS DE RESISTENCIA Y ARRAIGO II, por Abel Atalanta

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AZABAL: DIARIOS DE RESISTENCIA Y ARRAIGO II, por Abel Atalanta
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Al marchar de Azabal, mi anterior lugar de trabajo, me comprometí a participar con unos artículos en una pequeña revista subvencionada por Diputación. Comparto uno de ellos porque creo que bien describe ese vínculo de pundonor contra la miseria que nos une con las Hurdes, comprensible para los de ayer, inspirador para los de hoy.

AZABAL: DIARIOS DE RESISTENCIA Y ARRAIGO II

Son historias de resistencia y arraigo, de lucha contra la tierra para precisamente poder permanecer en ella, historias de tener que marchar para poder volver, historias de amor y trabajo, de desvelos y amenazas, de triunfos y derrotas. La misma historia, en fin, que hoy continua subiendo y bajando el telón cada día.

Cuando el irse implicaba un volver

La cosa venía de antaño, de mucho tiempo antes. Las anteriores generaciones ya subían a la siega, a Castilla, desde San Antonio, el 13 de junio, hasta Santiago, el 25 de julio. A veces incluso se recibía una carta de demanda, donde se pedía que marcharan a Abusejo, a Sanchogómez, a Berrocal de Huebra o a Peralejo a recoger la avena, el trigo, la cebada o la algarroba para el ganado, que era lo que peor se cogía.

Tu primera vez solía ser de rapaz, con catorce o quince años, para cumplir las funciones de atarín, atando los haces que iba sacando cada cuadrilla de cuatro o seis segadores, en la que el manijero ejercía de jefe.

Hacían falta perras, por lo que no quedaba otra que subir el puerto, ya que mientras aquí se pagaba un jornal a diez pesetas, allí, durante esos días, se podía llegar a las cuarenta o sesenta.

Así que para allá te encaminabas caminando hasta la Alberca, con tu manta, tu piedra y tu par de hoces, una de corte y otra para la algarroba.

Los días de siega se repetían desde el amanecer a la puesta de sol, difíciles de diferenciar unos de otros, todos igualados por un baremo de exigencia física y mental de extraordinaria dureza. Tras dormir en el pajar, tocaba levantarse a las 6 de la mañana, para en casa del amo, echarse al coleto el trago de aguardiente de rigor, con almuerzo de tajá, patatas y torreznos.
Para la comida y siesta, un par de horas, entre la una y las dos, con la eterna sopa de garbanzos de cada día, y algo de tocino, chorizo y vino.
La siesta, la siesta es de lo más mentao, lo que más se recuerda; en aquellos infinitos campos sin sombra, castigados por un sol inclemente, la siesta consistía en echarse en un surco con un par de haces en la cabeza para quedar rendido por el esfuerzo antes de volver al trabajo y completar la jornada de diez o doce horas.
La cena en la casa, siempre la misma también, con habichuelos secos, alubias pintas y leche migá.

Mas aquello que siendo bendición para los desheredados, bien pudiera parecer condena, tuvo un final cuyo principio comenzó de una forma que bien cuadraría en una película de posguerra italiana, cuando el amo (porque así se le sigue llamando en 2019), compró una máquina con bueyes y se empezó a necesitar menos gente, o con concentraciones parcelarias que implicaron un cambio de uso del campo, destinándose entonces a ganado.

También a medida que uno se hace mayor, se buscan otras opciones, como la de cambiar aquella emigración puntual por una definitiva a otro mundo, no al vecino norte igual de miserable, sino al verdadero norte, lejano e industrial, o a “la Francia”.

Vino a ser durante los años sesenta cuando se pierde una forma de vida que, sin embargo, se mantiene viva en el recuerdo de nuestros mayores, esforzados ascendientes que bregaron de una forma que hoy se nos antojaría insoportable, que lucharon por seguir adelante con unas familias a cuestas mucho más amplias que las actuales.

Me lo cuentan mis amigos Julián y Bienvenido, los que cuándo les pregunto por su balance, si se trata de un recuerdo amargo o feliz, casi aún les pesa lo duro que era aquella rutina, pero sobre todo se quedan con la felicidad del regreso, alegría tan plena, que no hay manera más fácil de describirlo que el relatar que incluso desde lo alto del Portillo de Batuecas se tiraban cohetes para avisar del regreso de los sufridos segadores: “¡¡Ya vienen los segadores!!”, se corría entonces la voz de valle en valle.

Hoy no nos queda otra que seguir transmitiendo el testigo, su recuerdo, la dignidad de su lucha diaria. Es lo que hago yo ahora, desde la cercanía de un enamorado hurdano de adopción; es lo que nos toca a todos, mantener la identidad en forma de memoria, seguir dando voz a sus voces, porque escucharlos es escucharnos a nosotros mismos, es ser nosotros mismos.

http://abelatalanta.blogspot.com/

2 Comentarios

  1. Atalanta 17:26, jul 18, 2019

    Muy agradecido por tus palabras, Santiago, el reconocimiento es mutuo, ya que también disfruto leyendo tus artículos. Tenemos amigos comunes así que a ver si no pasa este verano sin sentarnos a charlar un rato. La iniciativa que planteas me parece una gran idea, para mí pocos placeres mayores que charlar sobre música , arte, cine, literatura, filosofía, poesía o lo que se tercie, de hecho tengo una conversación semanal eternamente pospuesta sobre música en el D´Morán con mi amigo Emilio, gran melómano. El problema que yo tengo es que mi día a día es bastante complejo por el montón de frentes que pretendo abarcar: trabajo, familia, estudio, lectura, entrenamientos, algo de escritura…; básicamente lo consigo durmiendo cada día menos. Por eso no me puedo comprometer a cumplir un calendario, pero siempre que me cuadrara estaría encantado de acercarme y participar.

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  2. Santiago Corchete 16:59, jul 14, 2019

    Estimado ABEL: me complace un montón la temperatura emocional y estética de tu escritura, que acostumbro leer en las páginas de este diario digital. De tu persona carezco de ninguna otra información; incluso el nombre que utilizas sospecho que se trate de algún afortunado seudónimo, dado que “atalanta” es un término precioso cuyo significado raya con lo excelso…Tras la anterior y breve introducción, doy inicio al mensaje que desde hace cierto tiempo deseaba transmitirte. Verás.
    ¿No sería una idea formidable integrarnos en una tertulia artístico-literaria, plural e inter-generacional, para conocernos físicamente e intercambiar puntos de vista culturales, humanizar nuestras presencias y contactos…, en fin tertuliar acerca de la intangibilidad del arte? Te ofrezco mi teléfono en C. Rodrigo -923002342- para cambiar impresiones ante tal iniciativa, a la que podríamos añadir nombres de personas amigas y paisanas como MANOLO BELDA, los ACOSTA : ( padre TOMÁS e hija AIDA) ; quizá también se unieran JOSÉ RAMÓN CID, CARLOS GARCÍA MEDINA…y muchas otras personas conocidas que sienten la pulsión del arte en lo más hondo de sus corazones.
    Ahí dejo esbozado en líneas generales el anteproyecto de esa posible tertulia de la que carecemos en C. Rodrigo. Dejo en tus manos la primera respuesta que espero recibir en breve espacio de tiempo. GRACIAS.

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