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Secuelas vigentes del franquismo. Contra la desmemoria republicana, “archivos vivientes” (25): Calixto Amado Domínguez, por Ángel Iglesias Ovejero

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Secuelas vigentes del franquismo. Contra la desmemoria republicana, “archivos vivientes” (25): Calixto Amado Domínguez, por Ángel Iglesias Ovejero
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Calixto Amado Domínguez

Calisto Amado Domínguez fue uno de los primeros y más útiles informantes cuando a principios de siglo se reiniciaron las pesquisas para la recogida de testimonios orales sobre la represión franquista. Se unió a la tarea espontáneamente en el marco adicional de las I Jornadas de El Rebollar (23-27 de julio de 2003), que no tenían todavía por objeto el estudio del tema pero sí incluían dar los pasos previos para hacerlo en otras reuniones (2007). La entrevista se efectuó en un local del ayuntamiento de Villasrubias (30 de julio de 2003). Él se presentó acompañado de un vecino y quizá pariente llamado Cándido Domínguez Mateos (n. 1904), un hombre diminuto y casi centenario que sin duda sabía (o quizá había olvidado) más de lo que contaba sobre asuntos espinosos. Entonces Calixto (que eventualmente se refería a su acompañante como “el Pequeño”) tenía las ideas muy claras. Tres años más tarde, a la vera del bar de “Las Mellizas” (puente de Río Frío), trató de completar su información, haciendo un esfuerzo considerable, pues entre tanto había sufrido al parecer un infarto cerebral que le impedía verbalizar con fluidez los conceptos.

Los avatares de su ajetreada vida se conocen de forma fragmentaria a partir de las manifestaciones del interesado o es de dominio público, pues los vaivenes de la misma, por lo que a primera vista tienen de análogos con otras, han suscitado un limitado interés entre sus vecinos y, dados los actuales condicionamientos de la pandemia, no es momento de importunar la discreción de sus familiares. Sin embargo, y para empezar, no es anodina la circunstancia de su llegada al mundo en tierra extraña para sus progenitores, pues nació el 26 de octubre de 1925 en Marchais-Béton, antigua comuna del departamento francés de Yonne (actual región de Borgoña), aunque la vivieron muchos serragatinos que, después de nacer en el extranjero y haber viajado más de lo que seguramente hubieran deseado, casi siempre habitados por el mito del retorno, terminaron por regresar a su tierra. Calixto falleció en la residencia de mayores “El Ejido” de Robleda, el día 7 de junio de 2011, de “fallo multiorgánico”, y, según la declaración de una nieta suya, debía ser enterrado en el cementerio de Villasrubias.

Sus padres se llamaban Laureano Amado Ramos (n. 1888) y Severiana Domínguez Cerrajero, naturales y vecinos de Villasrubias, sin indicación de profesión. Hacia 1920 pertenecerían a la clase de labradores jóvenes que vivían al arrimo del tronco familiar con tierras de labor y algo de ganado, sin pasar apuros para comer y sin esperanza de mejora esencial en el marco de una economía de subsistencia. El matrimonio tuvo 11 hijos, pero solamente llegaron a adultos tres de ellos (Ignacia, Cipriano y Calixto). Es un fiel reflejo de la mortalidad infantil en este territorio de Salamanca durante el primer tercio del s. XX. Entre otras calamidades, les alcanzaron los efectos de la llamada “gripe española”, antes del nacimiento en Francia de Calixto y de una hermana gemela (fallecida antes de 1938). De ello se deduce que sus padres habían emigrado al país vecino en el período de entreguerras, como tantos vecinos (mangurrinos, de Villasrubias) y comarcanos (carruchinos, de El Rebollar). Viajaron a una región alejada donde por entonces y durante décadas, como “emigrados” o “refugiados”, numerosos españoles se emplearon en los trabajos forestales y agrícolas. Para Laureano Amado no sería la primera salida. Según su hijo, estuvo en Argentina o Brasil, más bien en el primer país donde mayoritariamente solían recalar la gente rebollana que, a consecuencia de la falta de tierras de labor y el paro obrero, se cuenta por centenas de familias entre 1900 y 1930 (Iglesias, La represión franquista, 2016: 203-219).

Uno de los efectos de la crisis de 1929 fue el obligado regreso de numerosos emigrantes, con la consiguiente agravación de los citados problemas. Laureano estaba de vuelta cuando se produjo el Alzamiento de 1936, que debería de coincidir con el periodo de vacaciones escolares para Calixto. A sus once años sería un hombrecito que ayudaba en las faenas de la recolección, la cual se prolongaba en el trasiego de la paja y las patatas a los pueblos cacereños en la vertiente soleada de las sierras de Gata y de Jálama. Esta circunstancia lo llevó a vivir una experiencia que a sus 77 años consideraba grabada para siempre en su memoria. Como ya hemos señalado (Iglesias 2010b: 40), entonces contó que en uno de esos viajes, cuando de noche acompañaba a su padre y a un vecino, con dos carros de paja con probable destino a Acebo (Cáceres), vio en el paraje de Carvajales, tantas veces mencionado, once cadáveres sin enterrar, abandonados allí por los falangistas (“ellos no enterraban a nadie”). Añadió que los dos hombres mayores, por temor a la presumible presencia oculta de los victimarios, tuvieron que apartarse y lo dejaron a él solo en la guía de los animales de tiro hasta alejarse del sitio fatídico. Es un detalle muy revelador del protocolo macabro fascista y de sus efectos. Con el objetivo de su propia impunidad, los matones podían llegar a eliminar a los inesperados testigos, que procuraban no encontrarse con ellos, porque era como toparse con la muerte en persona.

Las represalias contra los transmisores de la información sobre represores franquistas prácticamente ha durado hasta hoy, lo que explica la “desmemoria” de muchos familiares de represaliados en Ciudad Rodrigo y su entorno. Así que no se debe excluir que este fuera un motivo añadido para el ensañamiento contra Laureano Amado, que es una de las tres personas (junto con Agustín Sánchez y un tal Inocencio) que recibieron palizas brutales en Villasrubias (Iglesias 2010b: 59). Inicialmente, como solía ser habitual en el verano de 1936, el pretexto oficial para la persecución fue la ocultación de un arma corta que, según los denunciantes, guardaba de cuando hubiera estado emigrado en Argentina o algún otro país sudamericano. Le pusieron una multa de 4.000 pts, lo que en 1936 representaba un pequeño capital en estos pueblos (donde, por ejemplo, el salario anual de los secretarios de ayuntamiento ascendía a cinco o seis mil pesetas). La familia se arregló para pagar (“si no queríamos que lo mataran”), y se salvó gracias a la mediación del cura (Joaquín Santos) y el médico (¿Manuel Martín Moro?) a cuya buena voluntad y saber hacer se debe que no hubiera víctimas mortales por arma de fuego en el pueblo. Pero a Laureano Amado los malos tratos le agravarían la enfermedad de la que vino a morir oficialmente (“bronconeumonía”), a los cincuenta años, el 15 de febrero de 1938 (RCV, act.def., sec. 3, t. 12, fol. 49rº).

La instrucción y formación del joven Calixto en los años cuarenta no sería mejor ni peor que la de los vecinos de su edad, con las estrecheces propias de los años del hambre y los desahogos festivos de la mocedad. Sin duda era buen mozo, bien plantado y alegre, inclinado a la jarana, según dicen quienes lo conocieron. Quizá tendría la suerte de evitar la pejiguera del servicio militar, como hijo de viuda, lo que facilitaría su temprano matrimonio. Se casó con Estefanía Mateos Sánchez (“tia Fanía”), de 24 años, el 11 de noviembre de 1948. Su esposa pertenecía a una familia conocida más allá de Villasrubias, y concretamente en Robleda la designaban como “hermana de tia Calistra” (con la epéntesis de r frecuente por aquí). Ella y su marido y (“tio José el Único”), pasaban por gente rica en el contexto local. El matrimonio de Calixto y Estefanía se instaló por “la Calle de las Pesqueras”, y tuvo tres hijas (Floriana o Laureana, Cipriana y Adelaida), alguna de las cuales quizá nacería en otra parte.

Como es sabido, con la ayuda de los Estados Unidos en el contexto de la guerra fría, a la España de Franco salió del bloqueo internacional (1946) y se le abrieron las puertas de la emigración que tanto contribuyó al “milagro económico” atribuido al pequeño gran hombre en los años sesenta y a que pudiera celebrar los “25 años de paz” (1964) como “Caudillo de España por la gracia de Dios”. Siguiendo el modelo paterno, Calixto emigró repetidas veces, solo o acompañado. En la década de los cincuenta debió de emigrar al Brasil, en la época en que lo hicieron varias familias en Robleda (tio Quico “Moro”, “el del Jaque”, “Pedro de tia Tiburcia”, etc.) en dos tandas, entre 1950 y 1952, en la segunda de las cuales se embarcaron dos hijos del represaliado Sebastián Mateos (Paco y José). En Villasrubias también mencionan tres o cuatro familias (la de Silvestre, Santiago y algún otro) que tenían muchos hijos, pero volvieron todos, menos uno. Calixto fue de los que regresaron, y ello prueba que disponía de ciertos “posibles”, porque los vecinos que emigraban a América y los que salían a otros países de Europa no pertenecían exactamente a la misma categoría socioeconómica. El pasaje ultramarino no estaba al alcance de todos los hogares y emprender la aventura en grupo, con hijos y esposa, suponía deshacerse de los bienes que tuvieran. Era como quemar las naves. Y “cruzar el charco” era una travesía larga y peligrosa en la que bastantes morían o enfermaban, con lo que este modesto sueño americano se convertía a menudo en pesadilla. Los que no triunfaban no volvían a dar señales de vida (a veces no sabían escribir). Otros a veces volvían para ocuparse de los padres viejos y recoger lo que les correspondiera de la herencia. La figura del indiano rico no suele ser realmente típica de estos pagos.

Calixto no se hizo rico en América, pero al menos regresó sano. Esto le permitió volver al país donde nació, y no le iría tan mal. Cuentan que en Francia “tenía muchas casas” (las fuentes no indican si eran todas suyas o si trabajaba en la construcción). En todo caso no se quejaba de nada cuando el cronista lo conoció. Era un hombre optimista que sabía vivir el momento presente. El mencionado accidente cerebral hacia 2005 le estropeó un tanto la plácida vejez que disfrutaba y ya no se repondría del todo. En 2010 ingresó en la residencia para mayores de Robleda donde compartió recuerdos con algunos amigos y conocidos de la mocedad, asiduos del Santu Ferinu, patrón de Villasrubias (26 de agosto). Todavía le quedaba cierta prestancia de los buenos tiempos e incluso se animaba a echar alguna cantarena.

Como informante Calixto Amado tenía una excelente actitud, seguro, preciso, ponderado en sus juicios. Sin duda era una persona franca y respetuosa de quien el cronista guarda un agradecido recuerdo.

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Calixto Amado Domínguez, Cándido Domínguez Mateos, Á.ngel Iglesias Ovejero
(Villasrubias, 30/07/2003). Foto FG.

Referencias

Iglesias Ovejero, Ángel:
• 2010b: “Ensayo de cronología del alzamiento militar, terror y represión de 1936 a 1946 en el Alto Águeda y otras localidades de la tierra de Ciudad Rodrigo”. En: Cahiers du P.R.O.H.E.M.I.O., 11, DVD, 177-320.
– 2016: La represión franquista en el sudoeste de Salamanca (1936-1948). Ciudad Rodrigo, Centro de Estudios Mirobrigenses.

 

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